07-03-2014  De escalofriantes y muy duras pueden considerarse las imágenes recogidas en el vídeo insertado ayer en lavanguardia.com y donde puede observarse, con todo detalle, la paliza que recibe una chica (14 años) por una compañera de su colegio. La pregunta que uno se plantea ante acontecimientos como estos es: ¿Quién y hasta dónde se ha de controlar la conducta agresiva de nuestros hijos?

Por un lado, los colegios cada vez lo tienen más difícil para poder ejercer el papel activo de educador, controlador y “ejecutor de castigos”  ejemplares que determinadas situaciones requieren. A muchos profesores no les queda otro remedio que el de mirar hacia otro lado cuando se encuentran ante hechos como el de ayer al no sentirse respaldados o incluso, a veces, amenazados por los mismos padres. Es más, el papel sobreprotector que algunos padres ejercen sobre sus hijos, les lleva a defenderlos  y a hacer prevalecer la versión facilitada por el hijo y no la de las otras partes implicadas.

Por otro lado, nos encontramos que ante situaciones como esta, se produce una actitud pasiva y/o poco intervencionista por parte de las personas observadoras. A veces por miedo, a veces por protagonismo, la cuestión es que no se reacciona como es debido y no se evita lo que, de antemano, puede ser evitable.

Por ultimo, señalar que los padres, en muchas ocasiones, desconocen cómo son sus hijos fuera del ámbito familiar. En ocasiones por la desestructuración del entorno familiar o por el poco interés en formar parte activa en la educación de los hijos, se les escapan de las manos y desaparece el rol que como padres se ha de ejercer.

F.P.