12-03-2014  Ante las buenas noticias económicas, sociales o políticas que a diario se divulgan en los diferentes medios de comunicación (crecimiento del turismo, mantenimiento de la inflación en el mes de febrero, Barcelona seleccionada como la capital europea de la innovación, la detención de defraudadores por las subvenciones de cursos de formación, la desarticulación de la cúspide de la banda Latin Kings, el aumento de las ventas de vehículos, la predicción del Alzheimer a través del análisis de sangre y así un sinfín), siempre aparecen o destacan aquellas que hacen “temblar” o que le restan notoriedad a las que realmente son agradables, positivas y/o esperanzadoras.

Nos levantamos recibiendo una lluvia constante de noticias que tienen un efecto inmediato y que son muy influenciables para que el optimismo con el que nos podemos poner a diario en marcha desaparezca con cierta rapidez. Por ejemplo, nos hacen recordar o recordamos las catastróficas consecuencias del tsunami de Japón, pero a la vez nos enteramos que las autoridades de ese país no han renunciado a su apuesta por la energía nuclear. También, que la desaparición del avión de las Aerolíneas Malaysia se asocia, como operaciones encubiertas por parte de algunos gobiernos, al terrorismo internacionales, o que la situación política que se está viviendo en Crimea puede extrapolarse, según algunas fuentes, a lo que sucedería en Catalunya con el proceso soberanista. Todas estas noticias afectan, queramos o no y por muy lejos que se produzcan, en nuestra vida cotidiana, ya sea a través de la economía o a través factores psicológicos.

F.P.