02-04-2014  Quien no ha vivido con su propia experiencia o ha oído en boca de terceras personas que la empresa donde trabajaba o trabajan se ha visto afectada por una reestructuración de plantilla y que el trabajo que antes se hacia entre dos o tres personas, ahora recae sobre una sola y con el agravante de que las tareas asignadas han de salir en el tiempo estipulado. Pues bien, este planteamiento puede considerarse correcto y provisionalmente beneficioso para la empresa si la medida es temporal, el trabajador afectado es informado de la situación y si realmente es de vital importancia para la supervivencia de la empresa, ya que de lo contrario existe el riesgo potencial de que la persona afectada sufra de un exceso de estrés, de agotamiento emocional o incluso de despersonalización y que, por tanto, padezca del síndrome de “burn-out” o del “trabajador quemado”.

Un estudio reciente realizado por la Universidad de Zaragoza pone en evidencia que estas exigencias por parte de la empresa van en aumento y que incrementan los factores para que sus trabajadores padezcan esta afección, caracterizada por ir asociada de sentimientos de cansancio, de desengaño o desencanto y de ineficiencia laboral. El entusiasmo, la euforia y las energías iniciales ante la nueva responsabilidad dan paso a una merma en la predisposición hacia el trabajo y a una menor calidad en el desempeño de su actividad.

El la investigación llevada a cabo se han diferenciado tres tipologías de afecciones en el síndrome de burn-out: la persona “frenética”, con sentimientos de sobrecarga infundados por las exigencias y las obligaciones de su trabajo; la persona “sin desafíos”, que convive con la falta de perspectiva de futuro en su puesto de trabajo y la persona “desgastada”, a la que le acompaña un conducta dominada por la desidia y el pseudo-abandono ante las adversidades.

Que no tengan miedo las mutuas ni los Centros de Atención Primaria por las posibles bajas laborales motivadas por la aparición de este nuevo síndrome, ya que en los tiempos que corren, los trabajadores se han de pensar muy mucho si pueden permitirse “el lujo” de ausentarse de su puesto de trabajo: no hay otras personas en la empresa que los puedan sustituir.

F.P.